Todo pasa y cambia con el tiempo, hasta el campo y la manera de trabajar y ver la vida. No obstante, siempre hay cosas que perduran, como el patchwork bebe. Las canastillas artesanales y el uso de estas técnicas es algo que no pasa de moda, no solo en el campo, sino también en la ciudad. Hay tradiciones que son más fuertes que las industrias y las producciones en serie.

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Algo que me gusta mucho del patchwork es su capacidad para reutilizar lo que pensábamos que no tendría utilidad. Yo soy un entusiasta del reciclaje. Creo que cada cosa tiene utilidad, solo que hay que saberla encontrar. Y el patchwork es precisamente eso, saber encontrar la manera de convertir unos pedazos de tela en una nueva pieza.

Hay muchas maneras de confeccionar artículos a partir del patchwork. Recuerdo que a mi abuela le encantaba sentarse a seleccionar pedacitos de tela para con ellos hacer manteles y cubrecamas. Mi camita de niño tenía varias de estas creaciones que yo veía como obras de arte, únicas y especialmente hechas para mí.

Esa es la magia del patchwork y de otras técnicas artesanales. Son capaces de convertir lo viejo en algo especial.