El trabajo de las ONGs, cualesquiera que sean las causas que defiendan, me parece admirable y digno de respeto. Y es que no todo el mundo dedica parte de su tiempo, y hasta sus recursos, a defender los derechos de otras personas. Por lo general reina un egoísmo y una individualidad que pueden llegar a ser preocupantes.

Muchas personas opinan que quienes luchan por los derechos de las mujeres están equivocados porque a estas alturas no hay nada que reclamar para ellas. Sin embargo, cuando escarbamos en los resquicios de la sociedad nos damos cuenta de todo lo que aún queda por conquistar en materia de equidad. Las mujeres la pasan muy mal, sobre todo cuando están en situaciones de vulnerabilidad, que es casi siempre.

Por eso estoy muy a favor de que existan grupos de personas que se dediquen a este tema. Las mujeres aún tienen desventajas en muchos aspectos como el ámbito laboral y los derechos sexuales. Es preciso de una vez y por todas lograr que las oportunidades se den de igual manera.

Si se trata del aborto, del aumento de los salarios o de sus posibilidades educativas siempre tendrán en mí un apoyo.