La verdad es que la sociedad civil puede ser muy sorprendente y a la vez poderosa. El otro día supe que existe aquí mismo en la localidad una ONG de admiradores y defensores de las flores. A mí la verdad que no sorprende demasiado. Y no me extraña que la protección de las flores haya despertado el interés de quienes las aman.

Desde la crisis especulativa de los tulipanes en Holanda las flores se convirtieron en un bien que todos quieren poseer y pagan lo que sea por ellas. Hay enormes campos de cultivo en el mundo entero destinados a las flores. Pero muchas veces con esta ansia de comerciar, exportar y hacer dinero se llega incluso a dañar las tierras y a sobreexplotar terrenos y agotar semillas. Si las flores no se cultivan de manera correcta, de acuerdo a sus características y exigencias, se pueden desperdiciar las semillas.

Pero lo que realmente preocupa a estos colectivos es que las flores muchas veces son convertidas en productos de exportación y no hay manera de conseguirlas en sus sitios de origen. Y otra de las grandes preocupaciones de estas ONG es que hay quienes trafican flores de áreas protegidas.